Saturday, May 06, 2006

La Mujer que Ungió a Jesús.










Una mujer que sufre todas las injurias y calumnias del siglo XX, porque no son pocos sus enemigos que hablan cosas infladas, con el fin de decir algo diferente, aun cuando ella, existió hace dos mil años y su vida es desconocida para muchos.

Sólo una mujer ungió a Jesús con perfume, en agradecimiento por salvarle la vida, no solo a ella, sino que también a su hermano Lázaro, hermano de Marta, a las cuales Jesús visitaba, para enseñarles como discípulas de su doctrina.
Sabía Jesús que las mujeres que tenían hijos en Israel, en aquel tiempo, sufrirían con el destierro, porque ninguna de las dos tenía hijos, solo un hermano, pero, María era casada con un viudo, el padre de Judas Iscariote, el cual era Simón el leproso, que era fariseo, pero, ella era una joven, y él era mayor que ella en edad. San Juan 12:4
Y fue en la casa de Simón el leproso, que ungió a Jesús con perfume, al cual Jesús sanó de su lepra, y a ella le salvó la vida y a su hermano lo libró de la muerte, al sacarlo del sepulcro, y por estas dos cosas, estando ella en su casa, de la cual había sido echada por su marido, el cual, sabía que ella le había sido infiel, porque sus amigos los fariseos, la habían sorprendido en la ciudad con otro hombre, se la trajeron a Jesús, porque ella era su discípula, y había sido sorprendida en el acto mismo de adulterio, pero por los amigos del fariseo, y no por el marido de ella, porque él era leproso y por esto, no podía entrar en la ciudad de Jerusalén, que se encuentra como a 30 kilómetros de Jerusalén.
La razón por la cual ella adulteró contra su esposo, fue porque él la despidió de su casa, sin darle carta de repudio conforme a la Ley de Moisés, y si el marido de ella, había hecho esto, él era el culpable de la acción de ella, porque ella le tenía asco, por ser leproso y tenía dinero, la razón por la cual, él consideraba que ella se había casado con él, por interés y no por amor, por lo cual, él le ordenó que se fuera de su casa.
Ella que tenía dos hermanos, Marta y Lázaro, tenía que ganarse la vida trabajando en algo y se fue a la ciudad de Jerusalén a trabajar como perfumista, para sus hermanos, porque ellos eran pobres, además huérfanos y no tenían más familia, lo que el viudo, se aprovechó de su pobreza, para contraer matrimonio con ella y así lo hizo. Pero María guardaba perfume de Nardo puro, porque era delicada de olfato, y el Fariseo se da cuenta que ella, lo rechaza, pero se enoja, no solo por esto, porque además su hermana Marta, es la que hace las labores de su hogar y las labores de casa de su hermana María.
Estas hermanas que vivían en Betania, tenían por vecino suyo, a Simón el padre de Judas Iscariote, que también es discípulo de Jesús, porque las dos hermanas, eran sus vecinas, y toda esta historia que se habla en contra de ella y de Jesús, es ignorancia pura, porque se hace necesario saber las cosas en profundidad, como para hablar mal de ellos.
Además San Juan 11:2 declara que ellos son hermanos porque la confunden con María Magdalena, la cual no es casada, y de mayor edad que María de Betania, porque la Magdalena es de la ciudad de Magdala y la otra María es de Betania, distante como a 180 kilómetros una de otra.

San Juan 11:1-2

1Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
2(María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.)

San Mateo 8:1-4

Jesús sana a Simón el Leproso

1Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente.
2Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
3Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.
4Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.

San Lucas 5:12-16

Jesús sana a Simón el Leproso

12Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
13Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.
14Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos.
15Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades.
16Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.

San Juan 8:1-11
María de Betania
La mujer adúltera
1y Jesús se fue al monte de los Olivos.
2Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 3Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,
4le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.
5Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Deuteronomio 22:22
6Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Deuteronomio 24:1-4
7Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
8E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Levíticos 19:18
9Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.
10Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
11Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

No la acusan de prostituta, sino que la acusan de adulterio, de faltarle el respeto a su marido, porque ella era casada con Simón el leproso, padre de Judás Iscariotes, porque este hombre era viudo y se caso con María de Betania hermana de Marta y Lázaro.

Deuteronomio 22:22
22Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel.

Deuteronomio 24:1-4
1Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa.
2Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre.
3Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, 4no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

Según la ley de Moisés, Simón el esposo de María de Betanía, tenía que darle carta de repudio y entonces despedirla de su casa, antes de darle la carta de repudio no podía despedirla de la casa y menos aún guardarle rencor, porque así estaba escrito en la ley de Moisés y como él es fariseo, celoso de la ley por su religión, no cumplió con la ley y sus amigos querían matarla por adultera haciendo justicia, pero Jesús les enseña la ley escribiendo en el suelo: Dele carta de repudio y como ellos insistieron, él escribio: No aborrecerás, ni guardarás rencor a un hijo de tu pueblo.

Además la ley estipulaba que: El hombre y la mujer adultera, debían ser muertos y no solo la mujer, porque ellos solo trajeron a la mujer delante de Jesús para matarla y con esto estaban cumpliendo la mitad de la ley: Deuteronomío 22:22.
San Lucas 7:36-50

Jesús en el hogar de Simón el fariseo

36Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
37Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
38y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.
39Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.
41Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
42y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
44Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.
45No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
46No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.
47Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.
48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
49Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
50Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

Ella había vuelto a su casa de donde el fariseo la había echado, porque Jesús fue invitado por este hombre a comer a su casa, porque Jesús le había sanado de su enfermedad y tenía curiocidad por ver a Lázaro su cuñado, que Jesús lo había salvado de la muerte y María tomó un frasco de Alabastro, que contenía perfume de Nardo puro de mucho valor comercial, y con este perfume, preparó el cuerpo de Jesús, para la sepultura, pero, esto no terminaba allí, porque el fariseo no estaba solo, sino que los doctores de la ley de Moisés y los Escribas, estaban con él, en su casa, donde fueron invitados a cenar, Jesús y sus discípulos.
Pero la Cena no se acabó de terminar, cuando los que estaban con el fariseo en la casa como invitados, murmuraron contra Jesús y sus discípulos, que no se lavaron las manos para comer, y por esto Jesús se enojó con ellos y les dio un discurso sobre el Amor de Dios y sobre la Ley de Moisés.
San Lucas 11:37-53

Jesús acusa a fariseos y a intérpretes de la ley
(Mt. 23.1–36; Mr. 12.38–40; Lc. 20.45–47)

37Luego que hubo hablado, le rogó un fariseo que comiese con él; y entrando Jesús en la casa, se sentó a la mesa.
38El fariseo, cuando lo vio, se extrañó de que no se hubiese lavado antes de comer.
39Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad.
40Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro?
41Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio.
42Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello.
43¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
44¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
45Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le dijo: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros.
46Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis.
47¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres! 48De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros.
49Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán,
50para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo,
51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación.
52¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis.
53Diciéndoles él estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas;
54acechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle.

Y todas estas cosas sucedieron en aquel día, que Jesús fuen ungido por María de Betania, en casa de Simón el hombre que fue sanado por Jesús de su lepra, porque aun cuando le quitó la lepra de su cuerpo, le quedó la lepra del corazón, al juzgar a Jesús, que si él fuera profeta, sabría la clase de mujer que era María.
San Juan 12:1-8

1Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos.
2Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
3Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.
4Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar:
5¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?
6Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.
7Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto.
8Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.


San Marcos 14:3-9
3Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza.
4Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?
5Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella.
6Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.
7Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis.
8Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.
9De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.

San Mateo 26:6-13

6Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
7vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.
8Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?
9Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.
10Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra.
11Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.
12Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura.
13De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.

¿Era María de Betania, María Magdalena? ¡No!
Era María de Betania casada con Simón el padre de Judas Iscariote y tenía dos hermanos, Marta y Lázaro, y que jamás fue esposa de Jesús, porque los que los hombres hablan, es un sacrilegio, aun cuando Jesús sabía que no tenía que tomar esposa, porque así estaba escrito para él, en el libro del profeta Jeremías.

Jeremías 16:1-4
1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2No tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en este lugar.
3Porque así ha dicho Jehová acerca de los hijos y de las hijas que nazcan en este lugar, de sus madres que los den a luz y de los padres que los engendren en esta tierra:
4De dolorosas enfermedades morirán; no serán plañidos ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra; con espada y con hambre serán consumidos, y sus cuerpos servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.

Porque Jesús sabía perfectamente lo que pasaría con Jerusalén y así se lo dijo al pueblo y a su discípulos en:

San Lucas 21:20-24
20Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.
21Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
22Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
23Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.
24Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempo de los gentiles se cumplan.




aldodesantiago_@hotmail.com

todos los texto bíblicos, fueron sacados de la Santa Biblia:
Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

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